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William Morris
Cuando la trompeta del señor
Con fulgor apunte el día eternal;
Y los redimidos suba a su casa celestial,
Cuando allá se pase lista yo estaré.
Cuando allá se pase lista, (bis)
Cuando allá se pase lista,
Cierto estoy que por su gracia allí estaré
huyan en la gran resurrección
De los muertos en Jesús sin corrupción
Y en las nuebes al Señor reciban !
Cuando allá se pase lista yo estaré
Trabajar es mi deseo sin cesar por el Señor
Siempre hablando de su gracia y de su amor;
Cuando acabe aquí mi obra y me llame el salvador,
Cuando allá se pase lista yo estaré
William C. Morris
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ANGLICANOS CELEBRES
Un breve homenaje a quienes con su testimonio abrieron un camino para la evangelizacion del mundo!
El 16 de febrero de 1864 nació William C. Morris en Soham, Cambridgeshire en un modesto hogar y de padres adherentes a la Iglesia Wesleyana Metodista. A los 4 años quedó huérfano de madre y a los 7 años viajó con su familia hacia Itapé, Paraguay, instalándose, mas tarde, en Rosario. A pesar
de los esfuerzos de su padre, su educación fue deficiente, llegando a tercer grado de la educación básica primaria. Luego de grandes esfuerzos y con ayuda de las bibliotecas públicas, pudo adquirir sólidos conocimientos que completaron su instrucción.
En 1886 y luego de trabajar como jornalero en los astilleros " La Platense" , en la Boca del Riachuelo, consigue un empleo en un comercio en dicho barrio, epicentro de la inmigración italiana. Allí se unió en membresía a la Primera Iglesia Metodista de La Boca, en la calle Olavarría
(aún existente) para dirigir mas tarde allí la Escuela Dominical y el Grupo de Jóvenes. En 1889 se casa con Cecilia O'Higgins, con quien tuvo un hijo que falleció a muy temprana edad. En 1895 fue ordenado al diaconado en la Iglesia Evangélica Metodista Argentina, iniciando la obra en castellano. Al año siguiente viaja a Inglaterra y al volver, pide su transferencia a la Iglesia Anglicana, donde se le reconoce su ministerio (via ordenación a presbiterado en 1898), iniciando una obra en idioma castellano, que muy
pronto es apoyada por la Sociedad Misionera Sudamericana (SAMS) . Hacia 1896 establece la Misión San Pablo, una Iglesia Anglicana que se construye en la calle Charcas al 4400 (que perteneció a la Iglesia Anglicana hasta 1974, año en que fue vendido a la Iglesia Pentecostal Unión de las Asambleas de Dios, actual propietaria del Templo).
En el año 1892 Morris quiso compartir a otros lo que había aprendido e improvisó un aula en una humilde pieza del barrio de la Boca. Seis años mas tarde alquiló, en el barrio de Palermo, una casa en la esquina de Uriarte y Guemes. La acondicionó, dejándola en condiciones para comenzar su
tarea. Una mañana caminaba por los bosques de Palermo, vió un grupo de niños de la calle, se acercó a ellos para que lo acompañasen. Morris los lavó, vistió y calzó , comenzando con ellos la labor educativa. 18 fueron los chicos con que se inauguró esa obra. En 1899 este número se multiplicó y ya eran 100 los alumnos. En febrero abrió una escuela para mujeres, y más tarde otra en Maldonado. En 1904 la inscripción alcanzó a 2696 alumnos. Se empleaban a algunos egresados y se repartieron libros, ropa y calzado
brindándoles, simultáneamente, asistencia médica. Al año siguiente funcionaban 3 escuelas de varones, 2 de niñas, una infantil y Kindergarten de ambos sexos, un instituto de telegrafía y escritura mecánica, un instituto de corte y confección y labores domésticas, un instituto indusatrial y de artes y oficios, y dos escuelas nocturnas. Ese año el número de inscriptos ascendió a 3096. En 1913 los beneficios de la obra alcanzaron a más de 5000 niños. Las Escuelas Evangélicas Argentinas, como las llamó Morris aumentaron
año a año. Pero muy pronto se encontró con la realidad financiera que hacía agua, ya que el Estado Nacional no aportaba a las escuelas y la Sociedad Misionera Sudamericana, solamente aportaba una pequeña suma, que no alcanzaba siquiera para pagar el sueldo de " Mister" Morris, como se lo llamaba. Entonces tomó su maletín negro y salió a pedir, aun público heterogéneo y a menudo indiferente, que iba desde los pequeños negocios hasta el Presidente de la República. Asi Morris fue conocido como el "
Inglés de la valijita" .
La religión oficial, la católica romana, a través de sus obispos, realizó numerosas presiones para que se ignorara a este siervo de Dios, ya que no toleraba la injerencia de un anglicano en la educación pública.. Cuando Morris finalmente logra subvenciones estatales para sus institutos educativos,
la Iglesia Católica de Buenos Aires comienza una campaña difamatoria en su contra, acusándolo de fometnar actividades antipatrióticas y de servir a intereses foráneos. Monseñor Romero acusó a Morris de " propagandista de ocasión" . Para 1915 Morris no solo dirigía los cultos de la Iglesia de San Pablo en Palremo, sino también servicios religiosos para niños y adultos en Almagro y Villa Urquiza. Fue el precursor de la obra de la Iglesia Anglicana en idioma castellano.
El 29 de mayo de 1925 fundó el Hogar "El Alba" albergando a niños huerfanos y desamparados.
Cabe destacar que su compasión no fue solo con niños y ancianos desamparados, también fue un gran defensor de los derechos de los animales.
Para 1932, coincidiendo con el último año del gobierno da facto del nacionalista General Uriburu, los subsidios del Estado descendieron a su piso histórico y y los gastos crecieron. Su Salud comenzó a declinar y su enfermedad crecía día a día. Ello lo obligó a volver Inglaterra, donde fallece
el 15 de septiembre de 1932.
A menudo repetía esta frase: "Pasaré por el mundo una sola vez, si hay alguna palabra bondadosa que yo pueda pronunciar, alguna noble acción que yo pueda efectuar, diga yo esa palabra, haga yo esa acción ahora, pues no pasaré mas por aquí"
En 1945, el cine nacional honró la memoria de William Morris con la película " Cuando en el Cielo pasen lista" , estrenada comercialmente el 29 de Noviembre de ese año. El Filme fue protagonizado por Narciso Ibáñez Menta, en el papel de William Morris, con la dirección
de Carlos Borosque. Lo llamativo de este largometraje es que se alude al papel filantrópico y docente de Morris, toda vez que se oculta en forma manifiesta su labor como Clérigo y Misionero Anglicano.
El Hogar de la calle Güemes y Uriarte, en Palermo sirvió como Biblioteca hasta fines de la década de 1970. Luego permaneció cerrado muchos años, hasta que en Octubre del año pasado fue reabierto por una congregación de monjas católicas, quienes administran la bilbioteca.
William Morris tiene su monumento en los Bosques de Palermo, en los mismos lugares donde caminaba con su valija, acompañado de los niños abandonados, los mismos que hoy vemos limpiando parabrisas de automóviles o haciendo acrobacias para ganar unas monedas.
Hoy queremos recordar y reivindicar la figura de este incansable luchador, injustamente olvidado por muchos, pero con un legado que continua dando testimonio en nuestros días, como es el Hogar El Alba, de cuya página web citamos lo siguiente:
La vida de Jesucristo se manifestó a través de William Morris y el profundo impacto que esta vida causó en otras personas, se refleja en la leyenda puesta en su lápida:
"Fue una de esas vidas que dulcemente obligan a creer en Dios".
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Allen Gardiner
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Allen Gardiner agonizando
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Allen Gardiner:
La historia de la vida y de la muerte del capitán Allen Gardiner y sus compañeros es bella y noble. Es muy adecuada para enseñarnos a tener confianza en Dios, para aprender a tener valor y constancia. Al leerla, quizá estimemos que es muy triste, pero tenemos que recordar que, en realidad, las
cosas no siempre son lo que parecen ser. No podemos juzgar el valor de una vida o de una obra por los resultados que vemos con nuestros ojos. Además, los siervos de Cristo siempre han sentido gozo y paz inefables, incluso al atravesar los más grandes peligros y al soportar tribulaciones por amor de Su nombre. Allen Gardiner nació en 1794 en Basildon, una pequeña en el condado de Berkshire, Inglaterra. Como muchos otros jóvenes ingleses sentía, desde su niñez, un gran deseo de llegar a ser marinero. A pesar
de que sus padres habrían deseado que su hijo abrazara alguna otra carrera que le permitiese permanecer cerca de ellos, no quisieron contrariar la auténtica vocación que manifestaba el joven y, cuando cumplió catorce años, le permitieron enrolarse en el Colegio Naval de Portsmouth. Los padres de Allen lo habían criado en el temor de Dios. En el colegio, conoció a un amigo que procuró guiarlo a Cristo; pero las ardientes oraciones de aquellos que lo amaban y pedían por él a Dios, sólo fueron contestadas algunos
años más tarde. El Señor habló a su corazón y a su conciencia mientras se encontraba en una pagoda china, observando el culto que hacían a sus dioses. Desde entonces el rumbo de su vida cambió por completo. Desde el día de su conversión, sólo tuvo un deseo: llegar a ser un instrumento en las manos de Dios, para abrir caminos a los mensajeros que llevaban el Evangelio a las naciones que aún no lo conocían. Aquellos que abren un camino en terrenos peligrosos, que preparan la ruta para un ejército o que son
los primeros en penetrar en una región desconocida, para que otros puedan seguir sus huellas, reciben el nombre de pioneros. El capitán Gardiner fue verdaderamente un pionero de las misiones. Parece que él no tenía en sí el don de evangelista, pero su corazón ardía con el deseo de abrir caminos a los predicadores de las Buenas Nuevas. En 1834 emprendió su primer viaje como pionero, y llegó al país de los zulúes, ubicado en el sur de África. Permaneció allí algún tiempo y luego volvió a Europa, donde publicó
un escrito titulado "Viaje al país de los zulúes". Luego, acompañado por algunos misioneros, volvió al África, creyendo que iba a pasar allí el resto de su vida. Sin embargo, en 1837, cuando estalló la guerra entre los zulúes y los holandeses, todos los misioneros fueron obligados a abandonar el país; entonces los pensamientos del capitán Gardiner se volvieron hacia un pueblo entre el cual él había deseado trabajar desde el principio de su carrera cristiana. Los miembros de ese pueblo eran los
patagones, una raza de indígenas de gran estatura, que habitaban el extremo meridional de América del Sur. Como en esa época el capitán Gardiner, a bordo del Dauntless, navegaba a lo largo de la costa occidental de Sudamérica, iba a menudo a tierra y había tenido ocasión de familiarizarse con los indios araucanos, que habitaban el litoral marítimo. Estos indígenas eran un pueblo belicoso, al que se veía montado a caballo constantemente, aunque, por extraño que parezca, este animal había sido traído a sus tierras
por los conquistadores españoles, en una época relativamente reciente. Los araucanos usaban como vestimenta principal una prenda llamada poncho, que consiste en una manta cuadrada de lana, con una abertura en el centro, por la cual estos indígenas hacían pasar su cabeza, para cubrirse majestuosamente entre sus pliegues. Hombres y mujeres adornaban sus cuerpos con curiosas pinturas rojas y negras. Cuando viajaban, los niñitos eran sólidamente amarrados en canastos que las madres ataban a la montura de sus
caballos. Cuando descansaban, estos canastos con los niñitos en su interior eran suspendidos de uno de los postes que sostenían la morada familiar. Estos indígenas vivían en tiendas (llamadas toldos) o también en chozas hechas con ramas recubiertas de barro. Todos ellos eran intrépidos cazadores e incluso los niños mostraban gran habilidad para servirse de dos armas que también fueron introducidas por los españoles: las boleadoras y el lazo. Las boleadoras están compuestas de dos o tres bolas de piedra u otra
materia pesada, forradas de cuero y sujetas fuertemente a otras tantas tiras de cuero crudo torcido, que miden cerca de dos metros de largo cada una. Este instrumento lanzado con fuerza por manos expertas, a menudo produce heridas mortales. El lazo es una extensa cuerda de cuero de 12 a 25 metros de largo que termina en un nudo que forma una lazada corrediza. Es muy difícil aprender a arrojar el lazo de manera que la lazada corrediza caiga sobre el animal y lo capture. Desde muy pequeños, los niños araucanos
se ejercitaban en este peligroso deporte, de manera que llegaban a ser tan diestros que hasta podían atrapar aves en pleno vuelo. Pero los españoles no se limitaron a convertir a los araucanos en excepcionales jinetes y sobresalientes cazadores. Ellos, a su manera, también se preocuparon por inculcarles la religión que profesaban. A lo largo del litoral marítimo, como también en el interior del continente, algunos misioneros católicos romanos comenzaron su trabajo. A su manera, ellos tuvieron éxito en su obra
logrando que un gran número de indígenas abandonasen el paganismo; pero, desgraciadamante, sin llegar a anunciarles el puro evangelio de la gracia de Dios. Su objetivo fue "hacerlos cristianos". Pensaron que conseguirían esto bautizando a los pobres paganos y persuadiéndolos a que renunciasen a sus ídolos; pero por su lado les inculcaron lamentables errores. A medida que el capitán Gardiner establecía más contactos con los araucanos que habitaban en Bolivia, en Chile y en la Argentina, tanto más
le parecía que todo trabajo misionero emprendido entre ellos no iba a tener éxito. De manera que, cada vez con más ardor, deseaba abrir camino a los mensajeros del Evangelio en aquellas tierras cuyos habitantes aún no habían recibido ninguna enseñanza cristiana. Creía que la Patagonia sería esa tierra que soñaba, porque ningún misionero católico había llegado aún allí, y lo poco que había podido ver de los indígenas le hacía pensar que eran muy inteligentes y que estaban ávidos de instrucción. Los patagones
no adoraban a los ídolos; ellos creían en la existencia de un "espíritu bueno" que habitaba en el sol y un "espíritu malo" que vivía en la luna; también pensaban que las almas de los justos, después de su muerte, iban al sol, mientras que los malos eran relegados a la luna. Como la mayor parte de los pueblos paganos, ellos tenían sus costumbres en relación con los funerales. Todo lo que había pertenecido al muerto, su toldo, sus vestimentas, sus adornos de cuero, debían ser quemados, y
los objetos que no pueden ser quemados, como los cuchillos y las armas, eran sepultados con el difunto. Los parientes del muerto rodeaban la tumba y se hacían profundas incisiones en señal de duelo, y la sangre que brotaba de sus heridas la arrojaban hacia el sol en ofrenda al "espíritu bueno". Luego levantaban un montón de piedras sobre la tumba y parecía que el gran deseo de los que quedaban, era olvidar al muerto y destruir todo lo que podía traer algún recuerdo de él. Cuando Magallanes, el navegante
portugués, vio por primera vez a los habitantes de este vasto territorio, estimó que eran "más grandes y más fuertes que los más robustos castellanos". Es cierto que ellos eran de una talla mucho más elevada que sus vecinos de Tierra del Fuego, aunque no alcanzaban las gigantescas proporciones que les atribuyeron los antiguos navegantes. Los españoles los llamaron patagones o "pies grandes", porque calzaban enormes botas hechas de cuero crudo. En la Patagonia se encuentran bellas zonas
boscosas, con árboles milenarios, y ricos y fértiles valles; sin embargo, gran parte de su territorio es rocoso y desértico, con poca vegetación que consiste en arbustos espinosos y árboles achaparrados de diversas especies. Entre los principales animales que conforman su fauna, abundan el ñandú y el guanaco, cuya piel era aprovechada por los indígenas para construir sus tiendas o toldos. Al igual que los araucanos, los patagones empleaban las boleadoras y el lazo, y eran cazadores muy diestros. Se mostraban
muy desconfiados frente a los extranjeros y, aunque eran muy honestos entre ellos, mentían sin escrúpulos y robaban todo lo que pertenecía a aquellos a quienes consideraban intrusos. Al sur de la Patagonia, más allá del estrecho de Magallanes, se encuentra un archipiélago formado por pequeñas islas rocosas e inhóspitas. En una de ellas, llamada Hornos, se halla el famoso Cabo de Hornos. Cuando Magallanes pasó por esa tierra desolada, la llamó Tierra del Fuego, a causa del gran número de fuegos encendidos en
la costa. En realidad este nombre, no se adapta mucho a las características de una tierra azotada sin cesar por un viento glacial y donde, casi diariamente, cae lluvia o nieve. Los habitantes de estas islas tenían características completamente diferentes a las de sus vecinos los patagones. Ellos eran de muy pequeña talla; llevaban muy poca ropa y se cubrían con sus largos cabellos y un trozo de piel de foca. Pintaban sus cuerpos con barro blanco, negro y rojo y alrededor de sus cuellos suspendían un collar
de dientes de foca. La tierra donde vivían era estéril y no les ofrecía ningún medio para subsistir, por tanto pasaban la mayor parte del tiempo pescando; incluso adiestraban a sus perros para que se zambulleran y sacaran los peces que atrapaban. El idioma de los fueguinos era diferente del que hablaban los patagones. Se los consideraba no sólo como los más pobres, sino aun como los más feroces de los indígenas de América del Sur. Ellos destrozaron el equipaje de muchos navíos que habían sido arrojados a sus
costas por las tempestades. El capitán Gardiner los había visitado y había tratado de ganarse la confianza de ellos, pero había sido en vano. Después de haber permanecido en África, entre los zulúes, durante tres años, Gardiner volvió a Inglaterra y publicó un escrito titulado "Llamamiento en favor de los indígenas de la Patagonia" Con esto esperaba despertar el interés de los hijos de Dios por esos pueblos desheredados. Escribió: "Nosotros que somos objeto del amor y de la soberana gracia de
nuestro Señor Jesucristo, ¿dónde podríamos hallar una obra más bella, más noble y digna en la cual podamos ocuparnos consagrando nuestra vida entera, sino en la que consiste en llevar el mensaje de gozo y de paz a las partes tenebrosas de la tierra, donde multitudes de nuestros semejantes yacen en sombra de muerte, sin que algún ser humano se preocupe por sus almas?" El llamamiento del capitán Gardiner fue escuchado, algunos amigos propusieron el medio para responder y resolvieron reunir entre ellos la
suma necesaria para enviar a la Patagonia a Robert Hunt. Naturalmente, Gardiner se ofreció a acompañarlo y, despidiéndose de su esposa y de sus amigos, se embarcó en noviembre de 1844 en el navío "Rosalie". En menos de dos meses llegaron al estrecho de Magallanes
Allen Gardiner agonizando
Entre las cosas que se encontraron se pudo hallar su diario, que en sus últimas hojas se descubrieron apuntes tomados por el mismo Gardiner, con la consigna: "Let not this mission fail", (No permitamos que esta misión falle), con la siguiente oración que reproducimos a continuación:
"Grant O Lord, that we may be instrumental in commencing this great and blessed work; but should Thou see fit in Thy providence to hedge up our way, and that we should even languish and die here, I beseech Thee to raise up others and to send forth labourers into this harvest. Let it be seen, for the manifestation of Thy Glory and Grace that nothing is too hard for Thee..."
" Danos, Oh Señor, la posbilidad de ser instrumentos para comenzar este grande y bendito trabajo, pero si Tu ves en Tu Providencia que aún así debemos languidecer y morir aquí, te imploramos que envíes a otros trabajadores a esta cosecha. Permíteles que sea visto así, por la manifestación de Tu Gloria y Gracia, que nada es del todo duro para Tí."
En el calendario anglicano, cada 6 de Septiembre recordamos al Capitán Allen Gardiner, como uno de los santos mártires y héroes de la Fe Cristiana.
Gardiner tenía el plan de ir a Wulaia, una bahía del otro lado de la gran Isla Navarino, a buscar a Jemmy Button, un indígena llevado por el Almirante Fitz-Roy a Inglaterra en su primer viaje y devuelto a sus tierras en 1834, es decir diecisiete años antes de Gardiner. Button fue llevado a Inglaterra junto con otros indígenas, tres hombres y una niña. Uno falleció, el hombre y mujer se casaron y de Jemmy Button, nunca más se supo. Los indígenas, a quienes
se supone venían a enseñar el Evangelio, se manifestaron muy belicosos y hostiles y no lograron nada con ellos, ni acercarse durante los primeros cuatro meses. Las provisiones escasearon y la ayuda que sus hermanos de raza y fe les prometieron jamás llegó. A duras penas se libraron varias veces de los indigenas. Por largo tiempo no pudieron pescar ni cazar debido a las inclemencias del tiempo y la hostilidad de los nativos. Los frustrados misioneros empezaron a decaer y enfermar, salvo Gardiner, que mantenía
su fe incólume así como su entrega al Señor. La carne seca que llevaban se les acabó, y no había animales que cazar. Dada la angustiosa situación, y como no aparecía barco alguno, en Marzo de 1851 decidieron hacer un esfuerzo desesperado para conseguir socorro. En una roca pintaron un letrero con la siguiente leyenda :” Gone to spaniard harbour”. En la base de la roca enterraron tres botellas explicando su desesperada situación. Volvieron en Abril y luego en Mayo sin que hubiera rastros de ayuda. Gardiner,
que no era sacerdote, entre tanto celebraba los Oficios Litúrgicos Matutino y Vespertino para él y sus compañeros y mantenía viva la llama de la fe y de la esperanza. Así consta de su Diario que fue encontrado con posterioridad. Jamás decayó su fe en Dios ni su entrega a su voluntad ni de él ni de sus compañeros. Pero tampoco pudieron evangelizar a ningún indígena o habitante de esas soledades. Cada día en el Diario, Gardiner relata una desgracia, enfermedades, heridas, muerte de algún compañero misionero, ataques
de indígenas, hambre y miseria, pero junto con estampar el hecho doloroso agrega una oración de confianza en la bondad de Dios y de acatamiento a su voluntad. El 28 de Junio de 1851 muere John Badcock, cantando un himno de confianza y entrega al señor. En Agosto murió Joseph Erwing, el 27 de ese mismo mes, John Bryant y el 2 de Septiembre John Pearce. Williams también muere, pero no sabemos exactamente cuándo. El día 6 de Septiembre de 1851 aparece en el Diario el último escrito de Allen Gardiner, que pese a
la desesperada situación no hace sino escribir con magníficas palabras de alabanza y adoración a Dios y de amor a Jesucristo. Todos ellos murieron de hambre y de sed. Pero su fe se mantuvo incólume, dando testimonio de ello hasta sus últimos días.
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William Wilberforce
A Tribute to William Wilberforce on the Plaque in Westminster Abbey where he is buried
In an age and country fertile in great and good men, He was among the foremost of those who fixed the character of our times because to high and various talents, to warm benevolence, and to universal candour.
He added the abiding eloquence of the Christian life. Eminent as he was in every department of public labourAnd a leader in every work of charity.
Whether to relive the temporal or the spiritual wants of his fellow men His name will ever be specially identified with those exertions Which, by the blessing of God, removed from England The guilt of the African slave trade,and prepared the way for the Abolition of Slavery in every colony of the Empire
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William Wilberforce (1759 - 1833)
Wilberforce was a deeply religious English member of parliament and social reformer who was very influential in the abolition of the slave trade and eventually slavery itself in the British empire.
William Wilberforce was born on 24 August 1759 in Hull, the son of a wealthy merchant. He studied at Cambridge University where he began a lasting friendship with the future prime minister, William Pitt the Younger. In 1780, Wilberforce became member of parliament for Hull, later representing Yorkshire. His dissolute
lifestyle changed completely when he became an evangelical Christian, and in 1784 together with some friends - mostly evangelical anglicans - joined a leading group known as the Clapham Sect. His Christian faith prompted him to become interested in social reform, particularly the improvement of factory conditions in Britain.
The abolitionist Thomas Clarkson had an enormous influence on Wilberforce. He and others were campaigning for an end to the trade in which British ships were carrying black slaves from Africa, in terrible conditions, to the West Indies as goods to be bought and sold. Wilberforce was persuaded to lobby for the abolition
of the slave trade and for 18 years he regularly introduced anti-slavery motions in parliament. The campaign was supported by many members of the Clapham Sect and other abolitionists who raised public awareness of their cause with pamphlets, books, rallies and petitions. In 1807, the slave trade was finally abolished, but this did not free those who were already slaves. It was not until 1833 that an act was passed giving freedom to all slaves in the British empire.
Wilberforce's other efforts to 'renew society'
included the organisation of the Society for the Suppression of Vice in 1802. He worked with the reformer, Hannah More, in the Association for the Better Observance of Sunday. Its goal was to provide all children with regular education in reading, personal hygiene and religion. He was closely involved with the Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals. He was also instrumental in encouraging Christian missionaries to go to India.
Wilberforce retired from politics in 1825 and died on 29 July 1833, shortly after the act to free slaves in the British empire passed through the House of Commons. He was buried near his friend Pitt in Westminster Abbey.
The Abolition of Slavery and “The Better Hour” William Wilberforce and the Clapham Group
In “The Tale of Two Cities”, Charles Dickens wrote about the late 1780s in England and France as “the best of times and the worst of times.” For the wealthy, life was very good. The evening entertainment in the clubs of England
included theater, gambling and women. Servants for the wealthy were plentiful. Yet, on the other hand, times for others were tough. The Industrial Revolution had just begun. Children were burdened in enforced labor, often working 15 to 16 hour days under unsafe conditions. Some worked in the new textile mills. Others worked as chimney sweeps. Only 25 percent of children made it to adulthood. For stealing a scarf, children were executed. Public hanging was entertainment of the day for which people paid money to
get the best seats. The biggest evil of the day, that of slavery in the plantations of the West Indies, was the unseen evil. Eleven million human beings had been captured and taken from Africa to the West Indies to work in slavery and bondage. Britain had the biggest portion of the slave trade. Many Africans were thrown overboard alive so that ship owners could collect insurance. As a young English member of Parliament, William Wilberforce influenced prominent wealthy men and women to understand the wrongfulness
of these conditions. He inspired his friends and others to give of their time, their talent and their money in order to change the world around them. Among his most famous and memorable words, William Wilberforce wrote on Sunday, October 28, 1787, in his journal:
"God Almighty has set before me two great objects, the suppression of the Slave Trade and the Reformation Manners.”
Wilberforce pursued both objectives with vigor and persistence despite opposition and vilification that was overwhelming at times and costly to his health. After 20 years of struggle, Wilberforce and his colleagues who lived in the Clapham five
miles south of London were able to achieve legislation in the England that abolished the U.K. slave trade, which greatly influenced the abolition of the slave trade in America and ultimate in France. In another 26 years, three day before he died on July 29, 1833, Wilberforce was informed that Parliament agreed to the emancipation of slavery. A year later, on 31 July 1834, 800,000 slaves, chiefly in the British West Indies, were set free.
Wilberforce and his Clapham colleagues, including Granville Sharp, John Thornton, Henry Thornton, Thomas Clarkson, Hannah More and others, each played a part based on their own skills. Granville Sharp, as a lawyer, provided legal guidance. The Thortons provided money and a popular place to meet. Clarkson rode tirelessly
on his horse throughout England, collecting research on slavery by going on board slave ships and collecting records. Hannah More brought to bear her popularity as a prominent playwright. Together, they changed the world in a number of ways:
First, slavery had been a way of life since the early civilizations of Egypt, Greece, Israel and Rome. It continued through the Middle Ages with the system of serfdoms. While some may have found it distasteful, there was never an organized movement to abolish slaver until the late 18th century. After studying slavery,
particularly the “Middle Passage”, Wilberforce jumped into action. “So enormous, so dreadful, so irremediable did the Trade’s wickedness appear,” as Wilberforce told Parliament, “that my own mind was completely made up for abolition. Let the consequences be what they would, I from this time determined that I would never rest until I had effected its abolition.”
Second, Wilberforce spearheaded the effort in Parliament through his friendships among the closest of which was Prime Minister William Pitt the Younger, and invented issue campaigning along the way. Wilberforce encouraged Josiah Wedgwood to design a medallion of a black slave in chains on his knees with the inscription
“Am I not a man and a brother?”
This medallion was put on plates and used as dinner launchers to bring out a discussion of African slaves. Few in England had ever seen these slaves in person, but all who owned land in the West Indies, including many Members of Parliament, had benefited from the slave trade financially. With the backdrop of the French
Revolution in 1789, the Reign of Terror sent thousands to the guillotine, including the French King and Queen. Wilberforce and his friends organized massive petition against the slave trade rom the people of England, an incredibly risky undertaking given the nervousness of the establishment. One of the many petitions contained more than 800,000 signatures, approximately 10 percent of the population in England and was rolled down the floor of Parliament . Wilberforce and his friends were incredibly effective in
bringing issues of the times to the fore.
Third, Wilberforce and his friends pioneered the field of philanthropy. Wilberforce either started or provided leadership in 69 charities. He created the Society for the Prevention of Cruelty to Animals, a huge issue of the day. He also started the Society for the Betterment of the Poor and was a founder of the British
and Foreign Bible Society, now the Bible Society, and so many more efforts for education, health and the needs of the poor. Wilberforce wanted to make a statement through his philanthropic initiatives. Wilberforce and his friends had a compassion for the oppressed and poor that was turned into action over a broad range of issues, although the abolition of slavery was always first and foremost. Yet, much of the money given was done so anonymously as Wilberforce sought no credit.
Fourth, Wilberforce was motivated because of his “great change," when he came face to face with a deeper experience of Christianity in 1784 as he traveled through Europe with his former headmaster, Issac Milner. The old Wilberforce had been the “pit bull” of the Prime Minister William Pitt and viciously attacked
the opposition. The new Wilberforce became the kind, but firm leader who worked with everyone possible and grew to be so greatly admired by all, ultimately even by the political opposition. Wilberforce was even able to work with the likes of Charles Fox who he had previously attacked. To mark his change and to encourage this change in others, Wilberforce--while a busy a Member of Parliament-- wrote “A Practical View of Christianity” which became a best seller for 50 years. It became a classic, the first
religious book other than the Bible to do so at the time. William Cowper, the British poet, in a tribute to Wilberforce in a sonnet, described Wilberforce as bringing “the better hour.”
Let thy continual mercy, O Lord, enkindle in thy Church the Never-failing gift of charity, that, following the example of thy servant William Wilberforce, we may have grace to defend the children of the poor, and maintain the cause of those who have no helper; for the sake of him who gave his life for us,
thy Son our Savior Jesus Christ, who liveth and reigneth with thee and the Holy Ghost, one God, now and for ever.
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Juan Bautista Cabrera Ivars
Nunca, Dios mío,
cesará mi labio,
De bendecirte, de
cantar tu gloria,
Porque conservo de
tu amor inmenso
Grata
memoria.
Cuando perdido en mundanal sendero
Tú me miraste, y alumbróme un rayo
De tu luz pura.
Cuando inclinaba mi abatida frente
Por el pecado de mi necio yugo,
Dulce reposo, y eficaz alivio,
Darme te plugo.
Cuando los dones malgasté a porfía,
Con que a mi alma pródigo adornaste,
“Padre, he pacado,” con dolor te dije,
Y me abrazaste.
Cuando en sus propios méritos se fiaba,
Nunca mi pecho con amor latía;
Hoy de amor late, porque en tus bondades
Sólo confía.No me cercaba sino niebla oscura,
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Juan Bautista Cabrera Ivars
Nació en Benisa (Alicante, España) el 23 de abril de 1837. Cursó bachillerato en Valencia y en 1581 ingresó en la
Orden de “Clérigos Regulares de las Escuelas Pías. Hizo profesión solemne en
1853, siendo destinado después al Colegio-seminario de Albarracín (Teruel). Allí
cursó el programa de asignaturas de Ciencias, Teología, Patrística y Liturgia.
Fue ordenado diácono por el obispo de Segorbe el 16 de marzo de 1861 y
presbítero por al arzobispo de Valencia el 15 de marzo de 1862.
Se dedicó a investigaciones filológicas y bíblicas,
llegando a dominar las lenguas griega, hebrea, inglesa e italiana. Se distinguió
por su oratoria, erudición y conocimientos teológicos, al decir del Diccionario
Espasa. Durante el tiempo libre se dedicó a estudiar privadamente las
Escrituras, lo que le llevó a dudar de algunas prácticas de la Iglesia de Roma y
a retraerse de sus servicios religiosos, por motivos de conciencia. En 1863
abandonó la Orden y, por su seguridad personal -eran los años de la persecución
contra Manuel Matamoros (1834-66) y los evangélicos en general-, pasó a
Gibraltar como exiliado voluntario. Con la enseñanza de las Matemáticas y el
Dibujo, gana el sustento. Frecuentaba las iglesias Metodisda y Presbiteriana de
la ciudad. Allí emprendió la traducción de la monumental “exposición histórica y
doctrinal de los treinta y nueve artículos de la Iglesia Anglicana” (escritos en
inglés por Edward Harold Browne). Los cuatro primeros volúmenes corrieron a su
cargo y aparecieron en Londres (1867, 68, 71 y 72). Con varios evangélicos más,
el 25 de abril de 1868 sienta las bases de la Iglesia Española Reformada,
auspiciada por la Sociedad de Evangelización de España (SEE). En el mismo
año, tras entrevistarse con Prim en Algeciras y de que éste les garantizara
libertad de cultos, con aquella citadísima frase de “Ya podéis recorrer España
con la Biblia bajo el brazo”, se traslada a Sevilla. Unas semanas después, el 27
de diciembre de 1868, inaugura el primer local de cultos de la Iglesia Española
Reformada sevillana decimonónica. Esta fue la primera iglesia no católico-romana
que se abrió en España, en la misma plaza fuerte del catolicismo. Sus trabajos
en Sevilla dieron como resultado la apertura de dos iglesias más, haciendo que
el promedio de la población protestante en Sevilla alcanzase la si cifra de
3.500 a 4.000 personas, para finales de 1868. “La obra ha crecido inmensamente
-escribía el rev. Tugwell-, tanto que la Iglesia Reformada ha llegado a ser toda
una institución en Sevilla”. Contra él, su esposa y su trabajo levantó su voz
y su pluma el sacerdote católico romano Francisco Mateos Gago y Fernández. De la
polémica se encuentra amplio eco en los periódicos de la época y a ella alude
Luis Montoro en su Vida y Milagros del Magnífico Caballero Don Nadie. Su
estancia en Sevilla queda, además, testimoniada por la fundación del semanario
El Cristianismo, del que salieron 42 números (15-1-1869 a 27-7-1871) y por la
publicación de dos de sus libros: El celibato forzoso del clero y el Himnario
para uso de las iglesias evangélicas españolas.
En noviembre de 1874, solicitado por la iglesia del
Redentor de Madrid (que acababa de perder a su pastor, Antonio Carrasco, pasa a
Madrid y reanuda sus actividades periodísticas haciéndose cargo de La Luz, y
sigue escribiendo nuevos libros y poesías. En 1880 convoca un Sínodo en Sevilla,
y con representantes locales de Málaga y Madrid, se reorganiza la IER (Iglesia
Española Reformada) y él es nombrado Obispo de la misma; a la que pronto dotará
de una “Liturgia” (1881 y 1883), rescatando el rito mozárabe. En la consagración
episcopal de Cabrera intervinieron tres obispos de la Iglesia de Irlanda (la
Iglesia Anglicana Establecida en aquel país). Cabrera siempre buscó una Iglesia
Española, que retomara la liturgia de la iglesia visigótica y las aportaciones
religiosas de la Reforma del siglo XVI. Su deseo fue que la Iglesia española se
autogobernara a sí misma, sin influencias extranjeras; que el poder estuviera en
las bases, es decir, en las congregaciones y no en las sociedades misioneras
foráneas.
Un año después de su muerte, ocurrida en Madrid el 18 de
mayo de 1916, fue elegido miembro de la Hispanic Society of America. Otras de
susobras literarias son varias colecciones de himnos originales, entre los que
incluyó un buen número de otros traducidos y adaptados.
GABINO FERNANDEZ
Obras Disponibles:
Obras temporalmente agotadas o publicadas por otras
editoriales:El celibato forzoso del clero (Sevilla 1880, CLIE 1990);
Catecismo de doctrina cristiana (1887), Manual de controversia
cristiana, dos vols. (1990); Poesías religiosas y morales (1904);
La iglesia en España hasta la invasión sarracena (1914).
Autobiografía: Canto memorial (1917).
Biografía: Vida y obra literaria de D. Juan Bautista Cabrea
Ivars, Bernardino Rubert (Alicante 1970); Muerte del Obispo
Cabrera, Fernando Cabrera (La Luz, núm. 999, Madrid mayo 1916), Cien
años de testimonio, Ramón Taibo Sienes (Madrid
1980)
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